dinero. Finalmente, en el «Tratado de Amizade e Aliança» del 29 de agosto de 1825 celebrado entre Portugal y Brasil, este último aceptó pagar un total de dos millones de libras, monto del cual la biblioteca representó casi la mitad. LA BIBLIOTECA Y SUS FANTASMAS La Biblioteca Real es ahora la Biblioteca Nacional de Brasil. Hoy en día es muy conocida por su colección de libros clásicos, sus incunables, sus mapas antiguos, los dibujos de Mantegna, Callot y Rembrandt, entre otros, las dos biblias Maguncia que guarda y algunas primeras ediciones notables, como las de Camões y Cervantes. De esta manera, la Biblioteca Real se convirtió en parte de la nueva nación. Su nombre cambió de acuerdo con los cambios en la situación política: en un primer momento fue Real, luego Imperial y, con la república, Nacional. Se puede observar cómo la Biblioteca Real estuvo muy conectada con el Estado y, principalmente, con la imaginación de un Estado que se organizaba a sí mismo como nación. Durante el difícil reinado de Pedro I (1822- 1831) y el periodo de las regencias (1831-1840) la Biblioteca Real se mantuvo prácticamente cerrada debido a las rebeliones, motines y el desorden social de esos años. Fue durante el reinado de Pedro II (1840-1889) que se consolidó como una institución imperial. Fue trasladada a un nuevo edificio especialmente diseñado para sus objetivos, se consolidaron las colecciones y se empezaron a recibir todos los libros publicados en el país. De hecho, durante el siglo XIX, la biblioteca adquirió un significado diferente. Para un país recientemente independizado como Brasil, y una monarquía rodeada por repúblicas, una biblioteca como esa tenía mucho valor: era la representación de una tradición ligada al conocimiento y a los reyes portugueses, que permanecerían en una nación que aún estaba en proceso de auto-invención. Como el bibliotecario del rey solía decir: «las bibliotecas son el principal y más preciado ornamento de los palacios estatales y merecen ser reconocidas como sus valientes protectoras». Naturalmente, continuó siendo una institución oficial que «representaba» y aumentaba la gloria del Estado monárquico. La Biblioteca Real, por otro lado, estaba enfocada sobre todo en los libros europeos, como si el conocimiento fuera una especie de presente que llegaba del Viejo Mundo. 152
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