Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

El Gabinete de Lectura de Ponce fue un espacio de gestión cultural donde se promovía la publicación de obras como el Ensayo biográfico de los que más han contribuido al progreso de Puerto Rico, escrita por el artesano, periodista y separatista ponceño Sotero Figueroa en 1888. Desafortunadamente, el mismo año en que se publicó la obra antes mencionada, la colección del Gabinete se fundió con la biblioteca de la Asociación de Dependientes. Esto trajo como consecuencia la pérdida de una colección que, además de libros, incluía objetos arqueológicos, cuadros y un pequeño museo de historia natural. Sobre sus libros, apunta con nostalgia Eduardo Neumann, «muchos pulperos dedicaron sus hojas para envolver groseros comestibles» (Neumann, 1987, p. 104). Una biblioteca bien pensada, que incluía material arqueológico y obras de arte, que incluía un cuadro del insigne pintor puertorriqueño del siglo XVIII José Campeche49, se echó a perder. La Biblioteca Municipal que se estableció en el 1894 no alcanzó a desarrollar una colección coherente y mucho menos tuvo el impacto social y político que generó el que fue llamado una vez el «Círculo ilustre». EL NORTE: DEL GABINETE DE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS EN TIEMPOS DE ESPAÑA HASTA LA BIBLIOTECA CARNEGIE EN LA «HORA AMERICANA» La fundación en 1835, bajo el régimen español, del primer gabinete de lectura en San Juan por la Real Sociedad Económica de Amigos del País es el precedente más antiguo de los servicios bibliotecarios en la Isla que no está enmarcado dentro de una institución religiosa, gubernamental o profesional. Al igual que sus contrapartes españolas, hijas del reformismo borbónico, se pretendía a través de esta sociedad difundir conocimientos que permitieran adelantar el desarrollo económico y social de la Isla. La Real Sociedad había sido fundada por el intendente Alejandro Ramírez en 1813, en pleno auge de los procesos revolucionarios en Hispanoamérica. La hasta entonces aislada y militarizada posesión caribeña comenzaba a recibir con mayor regularidad la Gaceta de Madrid y otros periódicos, lo que hacía necesario establecer para las «personas de más categoría» un lugar común para reunirse e informarse50. El gabinete de lectura seguía el mismo patrón organizativo que sus homólogos españoles. Se trataba de escoger un local apropiado para la 117

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