Gobierno Municipal estaba invirtiendo fondos públicos en un proyecto de carácter privado. El 21 de marzo de 1874, se acordó devolverle la biblioteca a la Junta Directiva del Gabinete de Lectura Ponceño y cesar los pagos de sueldos y renta del local46. Años más tarde, el doctor Eduardo Neumann, socio fundador del Gabinete, diría que «la pasión política convertida en piqueta demoledora» fue la causa de ese primer cierre (Neumann, 1987, p. 103). Pasaron veinte años para que, en 1894, Ponce tuviese otra biblioteca municipal. Detrás del discurso de eficiencia administrativa se escondía la intolerancia política y los personalismos. La Ley Municipal que establecía la obligación de instaurar bibliotecas populares o municipales en las provincias españolas volvía a ser letra muerta. Al cabo de dos años, el Gabinete de Lectura de Ponce resurgió con nuevos bríos. Esta vez sin ningún tipo de apoyo del Ayuntamiento para el sostenimiento de los servicios. Sobre este particular, Eduardo Neumann relata que, en 1876, reunidos en tertulia nocturna «en la arena del farmacéutico Mr. Henna» surgió el lamento «de la falta en Ponce de una biblioteca en que la juventud pudiera instruirse, huyendo del lupanar y del garito». Ante esta queja, el doctor Rafael Pujals sugirió reinstalar el Gabinete de Lectura y ofreció los bajos de su casa temporalmente, hasta que se pudiera disponer de fondos suficientes para su mantenimiento (Neumann, 1987, p. 103). La biblioteca se constituyó en el imaginario de los intelectuales como el espacio excelso que aleja a los jóvenes de los vicios. Las ideas y conceptos sobre moralidad, higiene y progreso estaban internalizados en la capa intelectual del país. Esta perspectiva no era diferente a la que impulsó la creación de los gabinetes de lectura en España. Si esto es así, ¿por qué los administradores coloniales conservadores no se esforzaron por crear espacios de lectura? ¿Por qué reprimieron este espacio cuando lo lógico hubiese sido incorporarlo a su propio discurso moralizador? La respuesta, sobre todo en el caso ponceño, puede estar en los nombres de los fundadores de esta entidad cultural47. La directiva, al igual que muchos de los socios fundadores, estaba compuesta por ciudadanos asociados al liberalismo y al autonomismo. Su director, el doctor y filántropo Rafael Pujals, además de sus gestas en el campo de la medicina, fue un líder del liberalismo criollo y abolicionista. Estuvo preso a raíz de la Revuelta de Lares en 1868 y en varias ocasiones tuvo que salir del país por razones políticas (Figueroa, 1888; Balasquide, 115
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