Aves sin nido

CLORINDA MAtTO DE TUR N ER 61 Cuando Pancorbo entró en casa de Estéfano Beni– tes, éste se encontraba en una· sala-tenducho, senta– do al rededor de una pequeña mesa cubierta con un poncho de vicuña, jugando á la brisca en compañía de los mismos sugetos que conocimos trincando el morito en casa del gobernador. Luego que Estéfano oyó ·el recado del cura Pas– cual; tiró las barajas sobre la mesa, y dijo: -Vamos, compadres, la iglesia nos llama. -Y yó que tenía la cala segura-murmuró uno, llamado Escobedo, rascándose la cabeza con la ma– no izquierda, y ·acariciando las cartas que tenía abiertas en la diestra. -Cúyo era el dos? - preguntaron varios levan-: tándose simultáneamente, y disponiéndose á mar– char. -Si el dos estaba todavía en la basa-contestó Estéfano arrreglándose el som.'Qrero que tenía echa– do hácia la nuca; y todos salieron en grupo, apare– ciendo don Sebastián que ·entraba al mismo tiempo, quien saludó diciendo: -Cuando se mienta al ruin de Roma .... -Luego asoma-concluyeron todos á una voz, . y don Sebastián riendo con jovialidad contest6: -Ajá, y me place encontrar á todos ustedes reu– nidos, francamente, nuestro cura nos necesita. -Vamos, pues, compadritos, q-µe tal vez falte ayudante para un Dominus vobisci"m,-agregó con ademán picaresco Benites; y todos riendo de la ocurrencia, .continuaron el cammo. 8

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