Aves sin nido

CLORTNDA MATTO DE TURNER 55 Juan se arrodilló ante l~ s_eñora Marín, y mandó á Rosalía besar las manos de sus salvadores. Don Fernando contemp~ó por segundos el cuadro que tenía delante, con el corazón enternecido, y dirigiéndose al sofá se echó de costado apoyando la· espalda con firmeza y diciendo á su esposa: -Pocas veces me engaño, hija; creo que don Sebastián ha quedado profundamente herido en su amor propio por mi intervención á favor de éstos. -No lo dudes, Fernando; yo lo creo á pie junti– llas, pero tambien ¿qué puede hacer en !epresa.lia?– contestó Lucía acercándose á su esposo, pasándole. la .mano, y acariciándole la cabellera. -Mucho, ángel mío, mucho; estoy verdadera– mente pesaroso de haber invertido capitales en esta sociedad minera, en la inteligencia de que sería cuestión de un añ·o á lo sumo. -Sí, Fernando mío; pero acuérdate de que esta– mos al ladq de los buenos ;-respondió Lucía con sencilléz. -Ya encontraré forma de arreglar todo,-decía el señor Marín, cuando se presentaron Marcela y ~argarita llevando la alegríá por divisa, y ambas se entregaron á vivos trasportes' de afecto ya con Juan, ya con Rosalía, á quien creían vendida y ex– portada. -Señor, señora, Dios les pague-decía Margari– ta dirijiéndose al esposo y la esposa:. Juanuco! Rosaco! ay, ay, dónde te hubiesen lle– vado, hija mía, sin la caridad de esta señora y este

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