Aves sin nido
294: AVES SIN NIDO -¿La culpa del padre tronchará la dicha de dos ángeles de bondad?·-y como dudando aún d~ lo que había oído, preguntó de nuevo: -¿Quién ha dicho usted? Manuel se apresuró á decir menos tu'rbado yá: -El Ohispo Claro, señor. Don Fernando acercándose al jóven y estrechán– dole contra su pecho, agregó: - Usted lo ha dicho don Manuel; no culpemos á Dios, culpemos á las leyes inhumanas de los hom– bres que quitan el padre al hijo, el nido al ave, el tallo á la flor! ..... . -¡Manuel !-¡Margarita!. .. aves sin nido!. .. -in– terrumpió Lucía, pálida como la flor del almendro, sin poderse contener, y gruesas gotas de lágrimas resbalaron por sus mejillas. Manuel no alcanzaba á explicarse aquel cuadro donde Margarita, muda, temblaba como la azucena juguete del vendaba!. La palabra de don Fernando debía finalizar aquella situación de agonía; pero su voz viril, siempre firme y franca, estaba temblorosa como la de un niño. El sudor invadía su frente noble y levantada, y sacu– día la cabeza en ademán, ya de duda, ya de asom– bró. Por fin, señalando á Margarita con la acción, coe mo recomendándola á los cuidados de su espo·sa, y dirigiéndose á Manuel, continuó: -¡Hay cosas que anonadan en la vida!. ..... ¡valor ., ' • .e t d ., ' M l Joven. ......... ¡in1or una o JOVen. .. ... .. . ••.. arce a
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