Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 239 -Vaya que lo has rebautizado al hombre;-con– testó riendo Marín -Manuel agregó: - No será de más, porque á su regreso verá que usted no le ha excluído de la invitación, y tal vez se preste á servirnos. - Sí, está bien;-ocupémonos de invitarlos, por. que otros quehaceres no me quedan yá; felizmente estoy libre!-dijo Marín. - Y o tambien voy á inspeccionar el campo de. la cocina; porque las cosas preparadas con calma son sabrosas y sustanciosas;-dijo Lucía y salió. - Pues la ocurrencia de la· señora no ha podido ser más feliz, señor Marín. ¿Sabe usted que esa in– vitación á · Benites ó Pilatos, como ha dicho con tan– ta gracia su esposa, es muy importante? - observó Manuel á don Fernando. - ¡Oh, amigo! las mujeres siempre nos ganarán en perspicacia y en imaginación. ¡Lucía tiene ocur– rencias que me encantan! le aseguro que cada día me siento más enamorado de mi mujer. Manuel, de· seo que usted cua:µdo se case, sea tan feliz como yó; - dijo Marín. Manuel bajó los ojos tomando sus carrillos el tin~ te de la grana, y el nombre de Margarita cruzó por su mente envuelto en el vaporoso tul de las ilusio– nes, y disimulando preguntó: - ¿En qué terminos redactamos la invitación á Estéfano? -Eso es sencillo; aquí hay recado de escribir;– dijo don Fernando sentándose á la mesa, y despues
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