Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNEB 225 - Sí, pero no es él de quien pienso valerme sino de Guzmán; porque éste nie ayudará á trabajar en favor de Isidro Champi, -Tambien usted, doña Petronila, por su parte véa cómo arregla don Sebastian el asunto del cam– panero ;-recomendó Lucía. -Eso queda á mi cargo, y ...... hasta prontito;- dijo doña Petronila despidiéndose junto con Teodora y Manuel, á quien dijo don Fernando: - Nos veremos luego para acordar lo de Cbampi. Margarita que fué al interior de Ja casa en busca de Rornlía, respiró un poco de aire libre léjos de su madrina cuyas miradas se le habían hecbo sospecho– sas, desde las confidencias que tuvo con ella yelmo- . do cómo se expresó de Manuel. El aire que la soledad brinda á los corazones que sufren en la asfixia del dolor, está impregnado de melancolía, y parece entibiado por el bálsamo del consuelo. El am0r es como una planta. Colocado en terreno fértil; exhuberante y rico, crece con rapjdéz sorprendente. El temperamento vigoroso y el físico robusto de M&.rgarita, ·abonaban el desarro11o prodigioso de sus simpatías por Manuel, y las condiciones en que la había colocado el destino, constituían un nuevo ele· mento motor dándole á los catorce años todos los impulsos de un cerebro maduro, y las fruiciones de un corazón de veinte primaver~s~

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