Aves sin nido

198 AVES SlN NIDO Simultáneamente salían los esbirros en pos de Teodora y llegaba un ohasq1ti, alguacil de gobierno que, caminando á pié por las sinuosidades de la que– brada desde la capital de la provincia gan6 terreno con rapidéz prodigiosa. Ese chasqui conducía un pliego cerr~do con lacre colorado, sellado con las armas de la República, en cuyo sobre escrito se leía «oficial- urjente » al Coronel don Bruno de Pa– redes. Cuando el propio puso el papel en manos de la autoridad, ésta se puso á leer medio recostado como se encontraba, pero, no ·bien se impuso de los pri– meros renglones, salt6 como lanzado por una fuerza eléctrica, palideció primero y despues le subió á la cara toda la sangre del coraz6n, quedándose sus– penso por algunos momentos con el pliego abierto entre las manos. De improviso lo arrojó sobre la cama y dando una patada en el suelo, dijo: - ¡Caracoles! ¡Esto huele féo ! . . . . No hay más remedio que asegurarse, sí señor ...... ¿A ver Alcal- des? ..... ¡quién vive por ahí ! - dij o dando voces, á que acudieron varios indios de servicio y los nacio– nales de su escolta. -¿Mi caballo? ...... ¡pronto, pronto! - gritó don Bruno, siendo obedecido como por ensalmo. Cabalgó, y seguido de tres personas tomó al galope del tordi– llo el camino de la ciudad; murmurando para su capote: -Huír el bulto es de los prudentes; en la ciudad

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