Aves sin nido
184 AVES SIN NIDO · a:Juan el PulgaritO.)) Al verla, se dijo Manuel con alegría: · -¡Qué propicia ocasión para sondear su corazón y decirla mi afecto!-y llegándose á la niña y abra– zándola, dijo: -¡Qué solita! y cuán hermosa te encuentro Mar– garita! -Manuel ¿cómo estás ?-repuso la niña colocan– do el cuaderno sobre la mesa. -¡ Linda Margarita! es la primera vez que voy á hablar~e sin testigos; acaso sean minutos cortos, por que busco á don Fernando, y por lo mismo, te pido que me escuches, ¡Margarita mía! dijo Manuel, to– mando una mano de la niña para acariciar!~ entre las suyas, reflejando las ilusiones de su alma eri sus pupilas, que despedían rayos de ternura y de amor en cada mirada. -¡Guá! Manuel, ¡qué extraño vienes!-dijo Mar– garjta fijando sus hermosos ojos en los de Manuel, y volviéndolos ~ bajar candorosamente. -No me llames. extraño Margarita; tú eres el alma de mi alma; desde que te conozco te he dado mi corazón y.~ .... yó quiero ser ¡digno de tí! -re– puso Manuel acentuando las últimas frases, porque .todo el temor que Manuel abrigaba, era que Marga. rifa repudiase al hijo del sacrificador de Marcela, idea que no podía existir · en la niña de hoy, pero; posible en la mujer de mañana. La huérfana permanecía muda y ruborosa como la amapola c.uyo seno guarda la adormidera.
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