Aves sin nido
CLORINDA MAT1'0 DE TURNER. 155 don Sebastian, que seguía grita~do como un loco: S , - ' , ' f t d. , - ¡ i, senor. ¡que. ¡ rancamen e, na ie • • . • • • s1, nadie me manda á mí ! Su lengua se resistía á expresar la palabra con claridad y sus pies tambaleaban. Cuando don Se– bastian distinguió á doña Petronila, lo primero que hizo fué gritar: -¡Aquí está la fiera! · .... fuego, señor, francamen- te! ........ - Y agarrando una silleta la lanzó en di- rección de su esposa. Doña Petronila impasible contestó: - Hombre de Dios, parece que me descono- ces ........ . voy á llevarte á tu cama ......... és ya tarde. Y asiéndolo de un brazo intentó conducirlo; pero don Sebastian, tomando aquella acción por un acto despótico, pegó una brusca sacudida y agarrando la botella, yá vacía, y todo lo que pudo coger, lo arro– jó sobre doña Petronila con gritos y bulla infernal~ -¡Mujer de los diablos! ...... au,ra n6, ...... fran- camente, ¡nadie me ensilla!. ....... . -Dios mío, qué es lo que ha sucedid.o. -¡Soy Gobernador sobre sus barbas francamente, , . ' que canar10s ..... - ¿Qué es esto? ¿qué ha entrado en este pueblo? ¡Sebastian, cálmate por Dios! - repetía suplicante doña Petronila; más Pancorbo con esa tenaci<lad del crapuloso, repuso: -Nadie me manda, ¿eh? Y cayó otra silleta junto á doña Petronila, que
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx