Aves sin nido

eLo.RiNDA MA'f'i'O DE 't'UlOIER 147 ¡ah! ¡tal vez sueño! .... ella me ama porque ha aco– jido mis violetas con todo el entusiasmo del amor, y al despedirse me ha pedido que vuelva! ........ acaso deliro! ...... Si ya fuese una mujer le podría revelar todo mi pensamiento, pero MRrgarita aún es niña y esa niña me ha .robado el alma. ¡Sí! ¡yo seré digno de la ahijada de esa angelical sefiora, de J.Jucíaf! Manuel parecía un loco rematado; tal era el fuego con que hablaba en momentos en que el ladrido de un perro que amenazaba devorar sus pantorrilJas, lo sa_có de su abstracción, mostrándole que estaba en las puertas de su casa; abie1·tas; porque el cariño de doña Petronila esperaba su regreso con el supremo amor de madre, que no se doblega ante la vigilia ni ante el sacrificio. Aquella casa no estaba tranquila, pue~, á los pri– meros pasos que avanzó Manuel en el .zaguan, ad– virtió una algazara de Dios es Cristo. V La reunión de los vecinos en casa de don Sebas– tian se verificó rápidamente como éste lo presumía, calculando el tiempo en que se generalizase la noti– cia del arribo de la nueva autoridad á Kíllac. Los vecinos que iban llegando se dirigían al Snb– prefe~to, que esperaba gravemente apersonado en el salón de don Sebastian, en estcs términos:

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