Aves sin nido

• PROEMIO así eclesiásticas como civiles, que vayan á regir los destinos de los que viven en las apartadas poblacio– nes del interior del Perú? ¿Quién sabe si se reconocerá la necesidad del ma. trimonio de los curaR como una exigencia social? Para manifestar esta esperanza me inspiro en la exactitud con que he tomado los cuadros, del natu– ral, presentando al lector la cópia para que él juzgtle y falle. Amo con amor de ternura á la raza indígena, por lo mismo que he observado de cerca sus costumbres, encantadoras por su sencilléz, y la abyección á que · someten esa raza aquellos mandones de villorrio que si varían de nombre no dejeneran siquiera del epí– teto de Tiranos. No otra cosa son, en lo general los curas, gobernadores, caciques y alcaldes. Llevada por ese cariño, he observado durante quince años multitud de episodios que, á reaíizarse en Suiza, la Provenza ó la Saboya, tendrían su can. tor, su novelista ó su historiador que los inmortali– zase con la lira 6 la pluma; pero que, en lo apartado de mi patria, apenas alcanzan el descolorido lápiz de una hermana. Repito que al someter mi obra al fallo del lector, hágolo con la esperanza de que ese fallo sea la idea de mejorar la condición de los pueblos chicos del Perú; y aún cuando no fuese otra cosa que la simple conmiseración, la autora de estas páginas habrá con– seguido su propósito, recordando que en el país existen hermanos que sufren, explotados en la no– che de la ignorancia; martirizados en esas tinieblas que piden luz; señalando puntos de no escasa im– portancia para los progresos nacionales; y haciendo á la vez, literatura peruana. .

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