Aves sin nido

102 A VES SIN NIDO con un pañuelo carmesí de seda, cuyas puntas, for– mando nudo, quedaban hacia la frente. Estaba visi– blemente preocupado. --Buenos días, señor-dijo M~nuel al entrar. -Buenos días: ¿de dónde pareces Manuel?. fran- camente, desde que has llegado no nos hemos visto más que tres veces;-respon.dió don Sébastian disi– mulando su preocupación. -La culpa no es mía, señor; usted no ha estado en casa. -Francamente, estos amigos, y el cargo que de– sempeño; ya uno no se pertenece; tienes razón Ma– nuelito ;-dijo el gobernador, y como buscando for– ma de sincerar su conducta, agregó: . -Lo que és la otra noche, francamente, hijo, he estado en mucho peligro sin poder contener el des– órden que hubo ¿qué se va á hacer sin fuerza ar- mada? .......pero tú te portaste muy bien ......... ; y, francamente, este don Fernando no mas tambien , tiene la culpa. -Yo vengo á hablar con usted séria.mente sobre lo ocurrido la otra noche. Y o no puedo quedarme con los brazos cruzados cuando veo que acusan á usted. -¿A. mí ?-~ijo Pancorbo pegando un brinco~ -A usted, señor. - ¿ Y· quién es ese? á ver quién? francamente, quiero conocerlo. -No se exalte usted, señor; cálmese, y hable– mos entre padre é h~jo, aquí nadie nos oye;-repli– có Manuel mordiéndose los lábios. \ .

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