Aves sin nido
CLOiUNDA MA'Í"t o DE 'i'URNElt 101 mente ejecutados; que bien hechas las labores de la llíolla de la ccoya_ y las sombras del manto que lleva flotante el indio, que será algun cacique. -Manuelito, parece que Ohapac,o e~tá en su buen rato--dijo doña Petronila entrando alegre. -¿Qué le has dicho sobre el asunto? - preguntó con interés Manuel colocando el huaco en su mismo sitio. -Yo nada le he querido porfiar. por tus mismos encargos; pero, le he dicho que conviene que deje la gobernatura porque han de venir disgustos con motivo de apresar á los factores de la otra noche y demás. -¿No le has dicho que él está señalado como partícipe? -Para qué le iba á decir eso, ¡Jesús! habría brincado de rabia; yo no me atrevo! ..... . -Pero, ¿qué respondió al fin? -Yo sabré lo que me· hago, me ha respondido, • pero con buenas mañas. Anda, no más;-dijo doña Petronila tomando la mano de su hijo~ Manuel besó en la frente á su madre, y se dirigió á la habitación de don Sebastian Pancorbo, gober- nador de Kíllac. · XXII Don Sebastian se encontraba . recostado en un si– llón envuelto en un poncho felpado, la cab~za atada HI
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