Arquitectónicamente, el Edificio A es significativo porque rompe con el estereotipo de Von Humboldt. No solo posee una elaborada planta con más de una habitación, sino que, además, exhibe una refinada concepción del espacio arquitectónico. Este edificio establece de manera definitiva una relación entre los espacios internos y externos, característica que no es común en los edificios incas. Como regla general, la mayoría tiene un espacio interior «encapsulado», es decir, claramente separado del exterior. Los interiores penumbrosos, apenas iluminados por una luz que entra por las entradas o por pequeñas ventanas, contrastan con el iluminado espacio exterior del pleno día. Los edificios abiertos por un lado encontrados en las kancha de Ollantaytambo parecen contradecir esta regla. En verdad, las amplias aberturas hacia el patio central de la kancha rompen la barrera física entre el espacio interior y el exterior. Sin embargo, esta separación puede aún ser percibida: el entrepaño central contribuye a delimitar claramente ambos espacios. La situación es muy diferente en el Edificio A en ’Inkaraqay (Fig. C.13). Aquí, las alas de la estructura parecen atraer el espacio exterior hacia el patio y al edificio más allá. La transición del brillante cielo andino hacia la penumbra del espacio interior inca ocurre gradualmente. El límite entre el espacio interior y exterior se torna borroso: si se está en el patio, no se sabe si se ha ingresado ya al edificio; y, si se está en el interior de él, no es posible definir cuánto se extiende el espacio interior en el patio y más allá. 341
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