CONCLUSIONES Las investigaciones del autor en Ollantaytambo no han podido contestar ciertas preguntas con respecto a la historia constructiva del sitio, pero sí dan información sobre las prácticas de planificación y los cánones arquitectónicos aplicados por los incas. A través de todo el valle de Urubamba, desde Pisaq hasta Machu Picchu, pueden observarse grandes extensiones de andenes cuidadosamente construidos y remodelaciones masivas del terreno como los de Ollantaytambo. Fuera de esta área, andenes de configuración grácil hay dentro y en los alrededores del Cuzco, Chinchero, Kañaraqay, y en algunos sitios selectos al interior del núcleo del imperio, pero son raros en provincias. Un ejemplo de un maravilloso complejo de andenes de tipo grácil provincial es el que se encuentra en el valle del Colca, en Arequipa, y en algunos valles en la ladera oriental de los Andes. La conclusión es que los andenes elaborados fueron ante todo un atributo propio de las propiedades reales y no fueron construidos como una política general con fines agrícolas del Estado Inca. En el valle del Urubamba, la mayoría de los sitios conocidos fue propiedad de algún gobernante. Como se mencionó antes, Pisaq, Ollantaytambo y Machu Picchu pertenecieron a Pachakuti; Huayllabamba y Urcos, a Thupa ’Inka; Urubamba y Yucay, a Wayna Qhapaq; y Calca a Waskhar. Chinchero, en las afueras del valle, se le atribuye a Thupa ’Inka, mientras que Muina (Kañaraqay y Urpikancha), en la laguna de Muina, cuenca de Lucre, a Waskhar (Niles 1987: 14, 15; Rowe 1990). Investigaciones futuras podrían determinar si otros hermosos conjuntos de andenes y terrazas fueron parte de una propiedad real, como en los casos de Tipón y Moray, cuya pertenencia se desconoce. El cuidadoso emplazamiento de los diversos conjuntos, como sucede en el complejo arqueológico de Ollantaytambo, fue una práctica recurrente. De la misma manera como se hicieron las terrazas agrícolas, los planificadores incas tomaban en cuenta las particularidades topográficas e 325
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