Entradas Como se mencionó en el capítulo 3, las entradas se encuentran generalmente en uno de los dos muros más largos de un edificio. En tanto más largo el edificio, mayor era el número de entradas. Los edificios con entradas en ambos lados largos, como en el caso de los grandes vestíbulos en el sector Qozqo, son bastante raros. Los edificios tienen entradas en los lados más cortos solo cuando no se puede acceder a ellos por el lado más largo, como en muchos edificios de la Colina-Santuario. Las entradas se organizan, por lo general, mediante una estricta simetría: si es solo una, se ubica en el centro del muro; si son dos, se ubican a igual distancia del eje central y así sucesivamente. Las jambas de muchas de las entradas, en especial aquellas de mampostería de piedra cortada y engastada, no son rectas, sino que se curvan ligeramente, lo que produce un éntasis distintivo (Fig. 13.2). Las entradas incas no tenían puertas que cerraban las aberturas: «[...] ni casas de nobles ni di plebeyos tenían puertas finas y asentadas para reabrir y cerrar: solo usaban de unos cañizos o zarzos con que tapaban la puerta cuando cerraban; y si iban fuera y no quedaba nadie que guardase la casa, arrimaban al cañizo algunas piedras, y no usaban de más cerradas, llave y defensa» (Cobo 1964 [1653]: vol. II, libro XIV, cap. III, 242). La descripción de Cobo no da cuenta de los dispositivos especiales, llamados sujetadores cilíndricos, encontrados en las kancha, aunque es posible que estos fueran diseñados para amarrar una valla o estera usada para cubrir la entrada. El sujetador cilíndrico consiste de un cilindro de piedra —o, a veces, un palo de madera— colocado en un pequeño nicho y 265
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