Fig. 8.3. Con una profunda ranura de cerca de 15 centímetros de ancho a su alrededor, la apariencia del Bloque SA-15, cerca de Ñawinpata, sugiere que los antiguos canteros tallaron un «anillo» cada vez más profundo para separar las dos partes en lugar de hacerlo mediante cuñas. Si el fraccionamiento de la piedra no fue una práctica común entre los incas cuando se trataba de piedras grandes, sí fue una técnica predominante en la extracción de piedras pequeñas, como en el caso de la riolita de grano fino. Al trabajar con este material, los canteros aprovechaban los planos de fractura naturales en las rocas. En las canteras norte y sur se producían pequeñas piedras de entre 60 y 200 centímetros de longitud, 20 a 80 centímetros de ancho y 20 a 50 centímetros de alto (Fig. 8.4). Muchas de estas aún se encuentran esparcidas en el área de trabajo, y las más características son las que se encuentran en la segunda rampa de las canteras norte y sur. Dichas piedras pudieron estar destinadas a ser dinteles en puertas, ventanas, nichos o peldaños de escaleras. Ciertamente, no es posible identificar marcas de las herramientas usadas en estos bloques, aunque no hay duda de que estuvieron alguna vez unidos entre sí, puesto que encajan de manera perfecta uno con el otro a lo largo de sus planos de ruptura. En la cantera oeste se pueden encontrar indicios de cómo se efectuaba el trabajo de fragmentación. El atributo más sobresaliente de la cantera oeste es la gran cantidad bloques largos y delgados de riolita de grano fino en diversas etapas de producción que yacen en las cercanías de la rampa principal. Algunos de 198
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