Alicia a través del espejo

Tweedledee comenzó en el acto: ¡Brillaba el sol...! Pero Alicia se atrevió a interrumpirle: -Si va a ser muy largo -dijo tan cortésmente como pudo- ¿no querríais decirme primero por qué camino...? Tweedledee sonrió amablemente y empezó de nuevo: ¡Brillaba el sol sobre la mar! Con el fulgor implacable de sus rayos se esforzaba, denodado, por aplanar y alisar las henchidas ondas; y sin embargo, aquello era bien extraño pues era ya más de media noche. La luna reinaba con desgana pues pensaba que el sol no tenía por qué estar ahí

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