Alicia a través del espejo
debía ser por regla general. -¡Ahí viene! -gritó una espuela de caballero-. Oigo sus pasos, pum, pum, avanzando por la gramilla del sendero. Alicia miró ansiosamente a su alrededor y se encontró con que era la Reina roja. -¡Pues sí que ha crecido! -fue su primera observación; pues, en efecto, cuando Alicia la vio por primera vez entre las cenizas de la chimenea no tendría más de tres pulgadas de altura... y ahora, ¡hétela aquí con media cabeza más que la misma Alicia! -Eso se lo debe al aire fresco -explicó la rosa-, a este aire maravilloso que tenemos aquí afuera. -Creo que iré a su encuentro -dijo Alicia, porque aunque las flores tenían ciertamente su interés, le pareció que le traería mucha más cuenta conversar con una auténtica reina. -Así no lo lograrás nunca -le señaló la rosa- Si me lo preguntaras a mí, te aconsejaría que intentases andar en dirección contraria.
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