Alicia a través del espejo

dalia -añadió el lirio irisado-, no cayendo desordenadamente, como los tuyos. -Pero ya sabemos que no es por culpa tuya - interpuso generosamente la rosa-. Ya vemos que te estás empezando a ajar y cuando eso pasa, ya se sabe, no se puede evitar que se le desordenen a una un poco los pétalos. A Alicia no le gustaba nada esa idea, de forma que para cambiar el tema de la conversación continuó preguntando: -¿Y viene por aquí alguna vez? -Estoy segura de que la verás dentro de poco - le aseguró la rosa-. Es de esa clase que lleva nueve puntas, ya sabes. -Y ¿dónde las lleva! -preguntó Alicia con alguna curiosidad. -Pues alrededor de la cabeza, naturalmente - replicó la rosa-. Me estaba preguntando precisamente por qué será que no tienes tú unas cuantas también. Creía que así es como

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