Alicia a través del espejo

¡Cuídate del Galimatazo, hijo mío! ¡Guárdate de los dientes que trituran Y de las zarpas gue desgarran! ¡Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y que no te agarre el frumioso Zamarrajo! Valiente empuñó el gladio vorpal; a la hueste manzona acometió sin descanso; luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo y quedóse sesudo contemplando... Y así, mientras cavilaba firsuto. ¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos, que surge hedoroso del bosque turgal y se acerca raudo y borguejeando!! ¡Zis, zas y zas! Una y otra vez zarandeó tijereteando el gladio vorpal! Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa ¡volvióse triunfante galompando!

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