Alicia a través del espejo
desde la marmita de la sopa y Alicia se volvió justo a tiempo para ver la cara ancha y bonachona de la Reina blanca sonriéndole por un momento antes de desaparecer del todo dentro de la sopa. No había ni un momento que perder. Ya varios de los comensales se habían acomodado en platos y fuentes, y el cucharón de la sopa avanzaba amenazadoramente por encima de la mesa, hacia donde estaba Alicia, haciéndole gestos impacientes para que se apartara de su camino. -¡Esto no hay quien lo aguante! -gritó Alicia poniéndose en pie de un salto y agarrando el mantel con ambas manos: un buen tirón y platos, fuentes, velas y comensales se derrumbaron por el suelo, cayendo con estrépito y todos juntos en montón. -¡Y en cuanto a ti! -continuó volviéndose furiosa hacia la Reina roja, a la que consideraba culpable de todo este enredo...
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