Alicia a través del espejo
cohibida, lo mismo que le pasó con la pierna de cordero. Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo, logró sobreponerse, cortó un buen trozo y se lo ofreció a la Reina roja. -¡¡Qué impertinencia!! -exclamó el budín-. Me gustaría saber, ¿cómo te gustaría a ti que te cortaran una tajada del costado! ¡Qué bruta! Hablaba con una voz espesa y grasienta y Alicia se quedó sin respiración, mirándolo toda pasmada. -Dile algo, -recomendó la Reina roja-. Es ridículo dejar toda la conversación a cargo del budín. -¿Sabe usted? En el día de hoy me han recitado una gran cantidad de poemas - empezó diciendo Alicia, un poco asustada al ver que en el momento en que abría los labios se producía un silencio de muerte y que todos los ojos se fijaban en ella- y me parece que hay algo muy curioso..., que todos ellos tuvieron algo que ver con pescados. ¿Puede
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