Alicia a través del espejo

firmemente-. Sería una falta de etiqueta trinchar a alguien que nos acaba de ser presentado. ¡Que se lleven el asado! -Y los camareros se lo llevaron diligentemente, poniendo en su lugar un gran budín de ciruelas. -Por favor, que no me presenten al budín -se apresuró a indicar Alicia- o nos quedaremos sin cenar. ¿Querrían que les sirviese un poquito? Pero la Reina roja frunció el entrecejo y se limitó a gruñir severamente: -Budín..., Alicia; Alicia..., Budín. ¡Que se lleven el budín! -Y los camareros se lo llevaron con tanta rapidez que Alicia no tuvo tiempo ni de devolverle la reverencia. De todas formas, no veía por qué tenía que ser siempre la Reina roja la única en dar órdenes; así que, a modo de experimento, dijo en voz bien alta: -¡Camarero! ¡Que traigan de nuevo ese budín! -y ahí reapareció al momento, como por arte de magia. Era tan enorme que Alicia no pudo evitar el sentirse un poco

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