Alicia a través del espejo
una mano, muy desconcertada sin saber cómo empezar-. ¡El monstruo le ha dado al león el doble que a mí! -Pero en cambio se ha quedado ella sin nada - señaló el león-. ¿No te gusta el pastel de frutas, monstruo? Pero antes de que Alicia pudiera contestar comenzaron los tambores a redoblar. Alicia no acertaba a discernir de dónde procedía tanto ruido, pero el aire parecía henchido de redobles de tambor cuyo estrépito estallaba dentro de su cabeza hasta que empezó a ensordecerla del todo. Se puso en pie de un salto y acosada de temor saltó al otro lado del arroyuelo; tuvo justo el tiempo de ver... ... antes de caer de rodillas y de taparse los oídos tratando en vano de aislarse del tremendo ruido, cómo el león y el unicornio se ponían súbitamente en pie, mirando furiosos en derredor al ver interrumpida su fiesta.
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