Alicia a través del espejo

trocito. Se produjo entonces una pausa en la pelea y el león y el unicornio se sentaron en el suelo, jadeando, lo que aprovechó el Rey para darles una tregua, proclamando a voces: -¡Diez minutos de refresco! Haigha y Hatta se pusieron inmediatamente a trabajar pasando bandejas de pan negro y blanco. Alicia se sirvió un poco para probar, pero estaba muy seco. -No creo que luchen ya más por hoy -le dijo el Rey a Hatta-, así que ve y ordena que empiecen a doblar los tambores. Y el sombrerero salió dando botes como un saltamontes. Durante un minuto o dos Alicia se quedó en silencio, contemplando cómo se alejaba. Pero de pronto se llenó de gozo: -¡Mirad! -exclamó, señalando apresuradamente en aquella dirección-: ¡Por ahí va la Reina blanca corriendo por el campo!

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