Alicia a través del espejo

los dos? -No..., a nadie -declaró Alicia. -¡Cómo me gustaría a mí tener tanta vista! -exclamó quejumbroso el Rey-. ¡Ser capaz de ver a Nadie! ¡Y a esa distancia! ¡Vamos, como que yo, y con esta luz, ya hago bastante viendo a alguien! Pero Alicia no se enteró de nada de todo esto pues seguía mirando con atención a lo lejos por el camino, protegiéndose los ojos con la mano. -¿Ahora sí que veo a alguien! -exclamó por fin- pero viene muy despacio..., ¡qué posturas más raras! -pues el mensajero no hacía más que dar botes de un lado a otro y se retorcía como una anguila a medida que avanzaba, extendiendo sus manazas a ambos lados como si fuesen abanicos. -Nada de raras -explicó el Rey-. Es que es un mensajero anglosajón..., y lo que pasa es que adopta actitudes anglosajonas. Eso sólo le ocurre cuando está contento. Se llama Haigha

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