Alicia a través del espejo

establecida la de que cada vez que tropezaba un caballo, su jinete debía de caer al suelo en el acto. De esta manera, la confusión iba aumentando por momentos y Alicia se alegró mucho de poder salir del bosque, por un lugar abierto en donde se encontró con el Rey blanco sentado en el suelo, muy atareado escribiendo en su cuaderno de notas. -¡Los he mandado a todos! -exclamó regocijado el Rey al ver a Alicia.-. ¿Por casualidad no habrás visto a unos soldados, querida, mientras venías por el bosque? -Desde luego que sí -dijo Alicia- y a lo que me pareció, no habría menos de varios miles. -Cuatro mil doscientos siete, para ser exactos - aclaró el Rey consultando sus notas- y no pude enviar a todos los caballos, como comprenderás, porque dos de ellos han de permanecer al menos jugando la partida. Tampoco he enviado a los dos mensajeros. Ambos se han marchado a la ciudad. Mira por el camino y dime, ¿alcanzas a ver a alguno de

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx