Alicia a través del espejo

-¡Ah, bueno! Es muy posible que estas cosas estén escritas en algún libro -concedió Humpty Dumpty, ya bastante sosegado-. Eso es lo que se llama una Historia de Inglaterra, más bien. Ahora, ¡mírame bien! Contempla a quien ha hablado con un Rey: yo mismo. Bien pudiera ocurrir que nunca vieras a otro como yo; y para que veas que a pesar de eso no se me ha subido a la cabeza, ¡te permito que me estreches la mano! Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una amplia sonrisa que le recorría la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano, pero observándolo todo con mucho cuidado: -Si sonriera un poco más pudiera ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás -pensó- y entonces, ¡qué no le sucedería a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le desprendería! -Pues sí señor, todos sus caballos y todos sus

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