A silbido y palmoteo

30 En toda carbonería —allá por mi edad pequeña— junto a los tercios de leña secas zacuaras había. El japonés las vendía gruesas, como el dedo gordo, altas como chala o sorgo y rectas como baquetas. Zacuaras para cometas: desde un barril a un pandorgo. La mesa del comedor fue mi centro de trabajo, allí echaba en desparpajo papel de todo color. De la zacuara mejor ataba una cruz en nudo y así, el armazón rudo se iba amoldando conmigo, mientras la harina de trigo hervía formando engrudo. La reina de las cometas

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