29 Por la flama de una vela puedo saber el futuro; el camino más seguro me lo dice su candela. Si pongo el naipe en la tela así tampoco me engaño: el rey me dice el tamaño, la sota me dice quién... Entre las cartas se ven lindos recuerdos de antaño. Yo he curado mucha gente y vivo pobre, sin lujo; a mí me llaman «el Brujo» y me creen delincuente. Yo curo un niño inocente y un brazo que se disloca. Todo el que a mi puerta toca llega enfermo y vuelve sano por un poder sobrehumano que mi inspiración evoca.
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