A silbido y palmoteo

17 Mi jarana caprichosa que dice «zamba-zambita» les pareció muy bonita y puso buena la cosa. Al bailar la resbalosa sacaban chispas del suelo. El viejo se arregló el pelo, se cuadró con su señora y me dijo: Cante ahora, «cuando saque mi pañuelo». Se acabó la enemistad con un abrazo paterno, el viejo me dijo «Yerno» y yo le dije «¡Papá!». Desde esa oportunidad vivo feliz con mi zamba. Y como todo se empalma el cielo me dio un hijo hombre al que le he puesto por nombre «Palmero, sube a la palma».

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