14 Ya después de muchas clases el negrito de siete años puede bailar ante extraños con rivales más capaces. En estos futuros ases ya no hay pasada maluca. El negro viejo caduca, pero deja su heredero. Por algo, con gran esmero, todo padre a su hijo educa. Desde su cuna a la tumba zapateó el negro peruano, y su baile ni es hispano ni viene de la macumba. Por eso, cuando retumba el piso en repiqueteo, soy feliz si escucho y veo en cualquier chacra costeña un padre que a su hijo enseña con clases de zapateo.
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