210 Sara Beatriz Guardia explota de una forma irracional. Desde hace años hablamos del fenómeno del extractivismo y esto no es una mera creación intelectual, abstracta o especulativa; es la reacción ante la realidad en que vivimos. ¿Por qué se ha llegado a esta situación? Pensamos que el pensamiento moderno, que no es el llamado pensamiento contemporáneo, ha contribuido a que se llegue a esta situación. Las teorías de Locke, amparadas en “la razón natural” y en “las revelaciones”, lograron convencer, por un lado, a quienes pensaban con el espíritu de la ilustración y, por otro, a los protestantes religiosos de su tiempo quienes con su trabajo hicieron posible la acumulación de la riqueza que el sistema capitalista necesitaba para activarse. Y a partir del siglo XIX los teóricos de la economía política aportaran nuevas ideas con otros factores que permitirán que se desarrolle el capitalismo. Los seguidores de Locke se encargaron de hacer de su pensamiento una ideología, la misma que sirvió de base para consolidar los programas políticos de sus partidos. Partidos políticos que tenían como único interés primero conseguir el poder económico y después obtener el poder político. La realidad y los hechos históricos nos demuestran que desde que se puso en práctica las ideas de Locke el mundo se ha desarrollado de forma diferente. Pensamos también que actualmente la situación agraria de muchos países en el mundo nos demuestra lo dependiente que somos, que nos dejamos llevar por un pensamiento que nos impide ver los peligros que conlleva el desarrollo de un tipo de producción que no respeta la naturaleza. Si bien es cierto que el pensamiento moderno presentó un mundo de posibilidades, éstas nunca se pusieron en tela de juicio. Fueron muy pocos los críticos que pusieron en duda estos planteamientos y fueron algunos "lósofos quienes expresaron sus “sospechas” ante el pensamiento moderno. No faltaron quienes expresaron que estos planteamientos podrían desarrollarse en forma negativa. Recordemos que según Locke a la tierra hay que hacerla producir y producir. Nos dice: “aquél que parcela una porción de tierra y mejora su vida, mediante el cultivo de diez acres, mucho más de lo que la mejoraría dejando cien acres en su estado natural, puede decirse que está dando noventa acres, al género humano; y ello es, así, porque su trabajo está proporcionándole
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