7 Ensayos 90 años

152 Sara Beatriz Guardia De modo que, confundiendo la naturaleza del imperialismo europeo en Asia (y particularmente, el imperialismo británico en la India) con las luchas interimperialistas en Europa y el imperialismo estadounidense, se perdía la posibilidad de comprender y combatir la amplia estrategia latinoamericana de Estados Unidos, que en lo que iba del siglo estaba desplazando la tradicional presencia del imperialismo británico en América Latina. Para concebir y poner en práctica la Gran Alianza contra el nazifascismo fueron clave los resultados de la Reunión de los Partidos Comunistas del Hemisferio Occidental convocada en Nueva York en julio de 1939, que concluyeron con un Mani"esto "rmado por Earl Browder (PC de Estados Unidos), Tim Back (PC de Canadá), Carlos Contreras Labarca (PC de Chile), Blas Roca (PC de Cuba), Hernán Laborde (PC de México) y Juan Bautista Fuenmayor (PC de Venezuela), que sostenía que el enemigo principal no era el imperialismo sino las “potencias fascistas”, para cuya derrota se debía buscar “la unidad del pueblo de América Latina con el pueblo norteamericano y la cooperación con el gobierno de Roosevelt para la aplicación consecuente de una política democrática de buena vecindad”.3738 También se sostenía la urgente necesidad de la lucha abierta y sistemática contra el trotskismo para mantener“nuestro hemisferio libre del fascismo y de la guerra”.38 La responsable de la Comintern para América Latina entre 1939 y 1943 (cuando Stalin impuso la disolución de la Internacional) fue la española Dolores Ibarruri, La Pasionaria. La línea trazada en el Séptimo Congreso se interrumpió bruscamente entre agosto de 1939 y junio de 1941, cuando el pacto nazi-soviético sembró el enorme desconcierto en el comunismo latinoamericano. Sin embargo, después de la agresión de Adolf Hitler a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en América también se replanteó el gran tema de las alianzas. Se trata de la línea política que se conoció como el browderismo (por el nombre del ya citado secretario del Partido Comunista), como interpretación reductiva y benévola del imperialismo de Estados Unidos a la luz de la lucha común contra el nazifascismo en Europa. Nótese bien que la política latinoamericana de la Tercera Internacional resultó ser, de todas maneras, determinante para el comunismo latinoamericano hasta la 37 Alberto Filippi, “Los partidos comunistas en América”, en id., De Mariátegui a Bobbio: ensayos sobre socialismo y democracia, Lima, Minerva, 2008, pp. 168-171 y más en general sobre el comunismo y la política internacional de la URSS en las Américas, antes y después de la “caída” del muro de Berlín, véase las voces sobre América Latina por mí curadas en el Dizionario del Comunismo, a cargo de Silvio Pons y Robert Service, Einaudi, (2 vols.), Turín, 2006 y/o la traducción inglesa por University Press de la Universidad de Princeton, Diccionary of 20th- Century Communism, 2010 (1 vol.). Y más en genera 38 Ibid.

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