89 Lo presentado en este capítulo es una pincelada en relación con el enorme patrimonio documentario histórico, geográfico y cartográfico que envuelve a la cartografía de misiones, la producida en Ocopa y otros Colegios de Propaganda Fide franciscana, como el de Moquegua, así como la producida por las otras órdenes religiosas cuyas aportaciones cifra el padre Nieto en sus obras (jesuitas, dominicos y agustinos). Todas ellas han contribuido a la producción de una obra muy rica en publicaciones, cartografía, así como a la compilación y protección de este patrimonio, que partió de un proyecto evangelizador, pero que resultó de enorme interés para el conocimiento científico y para el Perú. A pesar de su aporte significativo esta cartografía no ha sido muy investigada y menos aún divulgada. Es necesario unir esfuerzos para ponerla en valor y hacer de ella y de sus documentos complementarios, un bien colectivo del que nos sintamos orgullosos por su valor y el que le demos actualmente. Ello significa trazar un plan para recuperarlo (en muchos casos se perdió, cambió de lugar o institución) y protegerlo (restaurarlo, conservarlo y normar tal protección); estudiarlo, porque esa cartografía constituye acaso el primer registro, la primera crónica textual y cartográfica de enormes territorios inexplorados del Perú y que de no aparecer en estos mapas podrían haber corrido otro destino; y por supuesto divulgarlo para hacerlo de todos y cada uno de los peruanos. No solo de Ocopa, si no del Perú, porque pocos rincones del país quedan fuera de los ámbitos representados en aquellos mapas y descritos en los textos y descripciones geográficas que los acompañaban. Nos acercan al origen de los territorios que hoy habitamos y heredamos, al territorio que seguimos construyendo cada día como ciudadanos. Al leer estos mapas, la información geográfica y cultural que nos proveen sus topónimos y etnónimos, al interpretar la simbología y descubrir las aportaciones en ellos de las culturas que se encontraron y los elaboraron, sin duda reviviremos el pasado de nuestra tierra, fortaleceremos el cordón umbilical que nos apega a la Pachamama y el terruño, reforzaremos nuestra identidad en el territorio, este sentimiento (que los geógrafos llamamos topofilia) necesario para proyectar nuestro futuro individual y colectivo en él, para proyectarlo con la sensatez y la sensibilidad de reconocer el valor de lo nuestro, de nuestra gente y nuestro territorio. Gracias a la cartografía misionera hoy contamos con un gran recurso por redescubrir una vez más y a través de éste nuestra realidad, pero con los ojos hacia el futuro. Incluir este patrimonio en los planes educativos de cada región para reconstruir la historia, la geografía, la etnografía e incluirlo en los temas de gestión cultural, así como abrir líneas de investigación y promover su puesta en valor son sin duda estrategias para iniciar el camino de su necesaria puesta en valor. Estos son parte de los valores del servicio al país que, desde su fundación en 1888, practicamos en la Sociedad Geográfica de Lima, cuyas biblioteca y cartoteca albergan entre su valioso e histórico acervo documentario algunos de estos mapas misioneros y algunos de los textos escritos por padres estudiosos que han hecho grandes aportes a la geografía y cartografía del país desde los claustros y fueron o son miembros de esta Sociedad Geográfica de Lima. María del Carmen Carrasco es presidenta de la Sociedad Geográfica de Lima. La cartografía misionera, un patrimonio para revalorar y proteger 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa
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