300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Como muchos de sus antecesores, además de evangelizador y explorador, fue constructor: a su esfuerzo se deben cientos de kilómetros de carretera, desde Concepción y Ocopa hasta el Gran Pajonal. Asimismo, generó medios de subsistencia en las misiones que creaba o restauraba mediante la introducción de animales (ovejas, cabras, cerdos, ganado vacuno, aves, etc.) y plantaciones de café, cacao, frutas o verduras. Bajo su ala protectora, el padre Rafael Gastelua (su brazo derecho) fundó Satipo. A este franciscano poliédrico cabe añadir un rasgo más: la correa ancha, el sentido del humor para capear las críticas, de acuerdo con un relato de Odorico Saiz. Una vez, un medio de Lima publicó una caricatura en la que el padre Irazola aparecía con un hábito corto que dejaba a la vista unas piernas peludas. Con la ferocidad pintada en su rostro y un puñal en cada mano, el religioso pisoteaba a indígenas. Cuando le mostraron el dibujo, el padre Irazola, sonriente, escribió debajo del gráfico: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”. Luego puso la caricatura en la cabecera de su cama. El monseñor Francisco Irazola, “hijo ilustrísimo de Ocopa” (Antonio Goicoechea dixit), murió en 1945 fiel a su espíritu misionero. A los 75 años, emprendió un viaje por tierra a Ucayali con dos sacerdotes (uno de ellos, Odorico Saiz). Quería ver a sus antiguos feligreses y el boquerón del Padre Abad. Sin embargo, su corazón no resistió y falleció en Huánuco a los pocos días de iniciada la travesía. Fue enterrado en Ocopa. 49 Foto: Javier Ninanya C.

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