Un colegio lleva su nombre en Satipo, ciudad de cuya creación es considerado artífice. Presta su apellido a un distrito ubicado en el departamento de Ucayali. Impulsó el nacimiento de la misión de Puerto Ocopa. Fue el primer vicario apostólico del Ucayali. El padre Antonio Goicoechea, historia viva del convento de Ocopa, dice que seguramente es el mayor misionero del siglo XX. Múltiples logros alumbran el palmarés del monseñor Francisco Irazola, vasco nacido en la provincia de Vizcaya en 1869 que arribó al Perú a los 13 años. Se integró a la disciplina de Ocopa en 1884 y once años después fue ordenado sacerdote. “Perdónalos, padre, porque no saben lo que hacen” “¡Qué vamos a hacer! ... ¡Hagamos bien aunque sea al diablo!”, replicó el padre Irazola a sus compañeros de la orden cuando un día estos le dijeron, por enésima vez, que no se dejara engañar por tanto embaucador que se aprovechaba de su bonhomía. La anécdota, narrada por el monseñor Odorico Saiz, describe a un hombre generoso que según sus allegados ayudaba a todos los que acudían a él, incluyendo a los impostores que fingían vulnerabilidad para esquilmarlo. Reflexivo, tranquilo y metódico son otros adjetivos con los que su entorno lo identificaba. Este retrato parece calzar con el de una persona entregada a la contemplación o a la vida encapsulada en claustros. Sin embargo, Francisco Irazola era un hombre de acción. Lo comparaban con un reloj: ordenado y regular, pero también imparable. Porque si bien daba muchas vueltas antes de adoptar una decisión, una vez que lo hacía arrancaba como un toro, embistiendo todos los obstáculos que se interpusieran en su camino para llegar a la meta. Su determinación para expandir el Evangelio explica que en 1904, año en que sus misiones comenzaron, recorriera 1.000 km por los ríos Pichis, Pachitea, Ucayali, Amazonas, Marañón, Huallaga, etc. En 1912, navegó por el Apurímac, Ene, Perené, Pangoa y Satipo. Sus expediciones fueron claves para la cristianización de los valles de Pangoa y Satipo. Atravesó dos veces la Cordilleras de los Andes, a alrededor de 5.000 metros sobre el nivel del mar, movilizándose sobre mula y canoas. Una vez casi pierde la vida: una lancha que le habían prestado las autoridades de Iquitos quedó atascada en un banco de arena en una noche tempestuosa. Varias personas murieron ahogadas, entre ellas su monaguillo asháninka. 47
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