300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

El 4 de mayo de 1757, el padre Francisco Alonso de Abad partió del pueblo de Cuchero con 17 indígenas en un viaje que parecía destinado a ser uno más de un misionero franciscano en el cumplimiento de su tarea evangelizadora. Muy lejos estaban los viajeros de imaginar que realizarían una contribución superlativa al desarrollo del Perú y que tardaría casi dos siglos en ser apreciada. Durante su recorrido, el padre Abad descubrió en la cordillera Azul, Ucayali, un paso estrecho de 3 km de longitud por el que discurría un río. El descubrimiento del religioso franciscano se mantuvo en la sombra hasta que en 1937 el gobierno de Perú, embarcado en el proyecto de construcción de una carretera que comunicara Lima y Pucallpa, la costa y la selva, se topó con el gigantesco obstáculo que representaba la cordillera Azul. Dar un extensísimo rodeo para sortearla sería demasiado oneroso. Por fortuna, a alguien se le encendió un foco: los misioneros del convento de Santa Rosa de Ocopa habían navegado por la región en siglos pasados y tal vez en los registros de sus exploraciones estuviera la llave para abrir la montaña. Buceando en la historia de las misiones franciscanas, se halló que el padre Abad había descubierto un boquerón que atravesaba la cordillera. La mitad de los deberes estaba hecha. Ahora faltaba la otra: encontrarlo. Para ello se organizaron expediciones que fracasaron (incluso se usaron aviones), hasta que una liderada por el ingeniero Augusto Coz Sarriá dio con el abra. Para calibrar el valor del boquerón, basta con remitirse a los cálculos que Coz Sarriá hizo públicos en declaraciones al diario El Comercio ese mismo año: su descubrimiento le había ahorrado al erario nacional más de 20 millones de soles. Sin proponérselo, Alonso de Abad había transformado en realidad —según el padre Odorico Saiz— un sueño de virreyes y misioneros franciscanos que había atravesado siglos: un camino terrestre que uniera el océano Pacífico y el río Ucayali. El cañón fue nombrado el boquerón del padre Abad en honor a su descubridor, un misionero español que llegó al convento de Ocopa en 1754, que poco después de su hallazgo sobrevivió a un ataque indígena con flechas saltando de la balsa en la que se desplazaba para adentrarse en el monte (cinco hombres de su comitiva cayeron al río asaetados) y que murió entre sus claustros en 1788, ignorando su histórico aporte al Perú y sin sospechar que un distrito y una provincia en Ucayali llevarían su nombre. 27

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