300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

interior se conservan camillas, frascos de medicamentos, lavatorios y estanterías, junto con una notable presencia de elementos religiosos como crucifijos y cuadros de santos, que evidencian la estrecha relación entre fe y cuidado en el contexto franciscano. La presencia de la orden religiosa franciscana se hace evidente en cada ambiente del conjunto, a través de cuadros que reflejan su profunda devoción. No obstante, la actividad litúrgica principal se desarrollaba en la antigua capilla (7), el espacio de mayores dimensiones dentro de la Obrería. En su interior destacan sobrias pinturas murales, siendo especialmente llamativa una que simula los respaldos de los asientos empotrados a lo largo de los muros. Asimismo, pueden observarse delicados motivos decorativos enmarcando las ventanas, los cuales fueron restaurados en 1992 bajo la dirección de la Dra. Natalia Nieto. Actualmente, la capilla alberga un altar mayor de reciente factura, elaborado en adobe y yeso por el maestro don José Toropoco, y decorado por el reconocido artista Josué Sánchez. Las actividades litúrgicas se extienden hacia la sala capitular (5), lugar donde se daban las reuniones de los monjes franciscanos con el “abad” o padre. Se trata del segundo ambiente con más amplio espacio donde se encuentran grandes pinturas encuadradas y mejor conservadas, así como sillas antiguas de la época. Justo al lado de este ambiente se encuentra la celda del padre Francisco de San José (4), se trata de una habitación personal para el padre fundador, jerárquicamente más alto que los demás monjes; en su interior se encuentra una pequeña cama, un escritorio, percheros y cofres antiguos. La diversidad de actividades realizadas en la Obrería sigue expresándose en el ambiente frente a la capilla antigua: el refectorio o comedor antiguo (8), que cuenta con asientos empotrados —resultado de la continuidad estructural del muro— y una mesa central. En su interior se percibe un frío diferenciado del resto de la Obrería; se distingue de los demás ambientes por presentar mayores daños tanto en sus cuadros como en el muro interior y el cielo raso. Probablemente existían más actividades que se realizaban en las celdas poco accesibles (14), una de ellas con una notoria puerta clausurada que conectaba con la zapatería (2). Así como las dos últimas celdas (12) adosadas en la fachada sur de la Obrería —al costado del zaguán de acceso— cuyo uso original se dice fue el de una cocina; actualmente son ambientes alquilados para el comercio. Las actividades y el uso que le dieron a estos ambientes de la Obrería fueron claves para el desarrollo socioeconómico del pueblo misionero de San Francisco, y la posterior construcción del resto del convento. No obstante, en la actualidad persiste un limitado conocimiento sobre el uso original de ciertos ambientes y sobre la autenticidad de sus elementos constructivos, lo cual plantea serias dudas respecto al estado de conservación de la Obrería. Esta situación se evidencia en la presencia de diversas patologías estructurales, especialmente notorias en el ambiente del comedor (8) y en uno de los pilares ubicados en la esquina noroeste del patio. Este último presenta daños relacionados con la humedad provocada por filtraciones de agua acumulada en el falso cielo raso que recubre el corredor del patio. De manera significativa, los espacios que conservan en mejor estado sus elementos constructivos son aquellos donde se ha mantenido el cielo raso original, lo que permite apreciar la estructura de par y nudillo característica de la cubierta, como ocurre en la sala capitular y en el zaguán sur de acceso. Un caso adicional se observa en el patio del claustro, que originalmente contaba con un suelo natural acorde con su uso doméstico como establo para animales. Sin embargo, en la actualidad presenta un acabado de piedra canto rodado, lo que representa una transformación relevante en su materialidad original. 179

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