Desde la llegada al Valle del Mantaro del padre fundador, fray Francisco de San José, las intenciones de fundar un Colegio de Propaganda Fide en el Perú vieron sus orígenes en Ocopa, ahí los franciscanos doctrineros de Concepción cuidaban de una pequeña capilla dedicada a Santa Rosa, junto a un pequeño caserío en una rinconada. El cacique D. Blas Astocuri cedió una capillita y dos pequeñas celdas adjuntas, que funcionaban como hospedería a los padres, además de una cocinita para erigirla en hospicio. El primer convento de Ocopa fue un hospicio de los padres reconocido como casa religiosa que, debido a no contar con un número suficiente de frailes, no alcanzaba la categoría de convento. Un convento son edificios pequeños, modestos y fuertes conformes al diseño de planta registrado en el archivo de la provincia, y no se puede innovar sin consulta y orden del definitorio. Fray Francisco de San José decidió ampliar el hospicio con la construcción de un pequeño claustro (claustro de la Obrería) de 8 celdas, un refectorio, una enfermería y otras oficinas necesarias para el buen orden de la comunidad y guarda de la vida religiosa. Sin embargo, su condición de hospicio continuó, motivo por el cual la voluntad de seguir ampliando el recinto seguía al propósito de elevar la categoría del edificio a rango de Colegio. Así, con la licencia del monarca católico, se erigió la nueva fábrica, la cual, junto a la primera iglesia, tardó 20 años en construirse. La Obrería se encuentra localizada en la parte norte del convento y en el lateral de la fachada. Este claustro posee una singularidad arquitectónica que lo distingue: en lugar de Orígenes del convento: el claustro de la Obrería las tradicionales arquerías, despliega pórticos sostenidos por columnas robustas de forma inusual, dispuestas en un orden octogonal. Estas columnas, firmes y silenciosas guardianas del tiempo, sostienen el techo mediante sólidas vigas durmientes que descansan entre ellas, creando un diálogo armonioso entre la estructura y el vacío, entre la materia y la luz. Destaca dentro del conjunto conventual por su arquitectura modesta y sobria, que contrasta con el resto del complejo. Sin embargo, esta sencillez aparente encierra una estructura compleja, cuya riqueza se revela en diversos aspectos como la forma, el tamaño, la materialidad, el uso, la escala, la proporción, la relación con el entorno y su ubicación específica. En el plano arquitectónico se aprecian detalles interiores que revelan una planta de contorno irregular, próxima a la figura de un rectángulo con líneas perimetrales quebradas, expresión de una belleza imperfecta que evidencia la huella artesanal del ser humano. Elementos como los pilares de gran grosor y baja altura delimitan el espacio central, actuando como umbral que articula la transición desde el interior hacia el patio y el exterior, reforzando la conexión espacial y simbólica entre los distintos ámbitos del edificio. El acceso a la Obrería se realiza actualmente a través del zaguán lateral (13); sin embargo, en su configuración original, se ingresaba por el zaguán de salida (9), e incluso existió un acceso adicional en el espacio donde hoy se encuentra la ampliación de la herrería (10). Todos estos accesos convergen en el patio interior del recinto (1), el cual constituye el núcleo articulador del conjunto arquitectónico. 176
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