300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Es el primer claustro del convento, se ubica de manera paralela al flanco norte de la iglesia y fue inicialmente construido por disposición del guardián González de Agüeros, con la finalidad de albergar a los pasajeros. Posteriormente, dicho espacio fue reemplazado por una nueva estructura bajo la dirección del guardián padre Policarpio, en colaboración con el arquitecto Adolfo Mitterhofer. Actualmente, este claustro forma parte del conjunto que compone el frontis del convento junto a la hospedería, y destaca por ser el único de los claustros que presenta tres niveles, lo cual le confiere una escala significativamente más imponente en relación con los demás claustros. En lo que respecta a su estilo arquitectónico, el diseño colonial original fue objeto de una reconfiguración estética en 1920, intervención que implicó la pérdida del antiguo labrado en piedra. En la actualidad, la fachada interior del patio exhibe una composición pintoresca, destacando el uso de un tono verde pálido que remite al arte mudéjar —una expresión estética islámica reinterpretada dentro del arte cristiano—, presente también en los motivos decorativos de los zócalos. En el interior del claustro, se encuentran 24 arquerías de medio punto distribuidas simétricamente en los cuatro lados del patio de planta cuadrangular. Estas arquerías están flanqueadas por corredores que destacan por albergar pinturas de notable valor artístico, resguardadas bajo una cubierta de bóvedas de crucería que acompaña el recorrido. El patio, de diseño sobrio, presenta un jardín subdividido en cuatro sectores, al centro del cual se ubica una pileta de tres cuerpos. Esta última, realizada por el artista Catalino Martínez, data de 1906. Este es el segundo claustro del conjunto, originalmente concebido como residencia de los padres. Se sitúa en el límite contiguo al claustro de la Portería. Su disposición arquitectónica presenta una singularidad: uno de sus lados alcanza tres niveles, mientras que los restantes conservan una altura de dos pisos. Es el claustro que alberga el mayor número de arquerías, destacando en su interior una galería compuesta por 32 arcos de medio punto que circundan un jardín central. Este espacio verde se encuentra subdividido en cuatro secciones, articuladas en torno a una pileta de un solo cuerpo ubicada en el eje central. El techo de los pasillos se cubre con bóvedas ornamentadas con motivos romboides que remiten, aunque de forma más sobria que en la Portería, a la tradición del arte mudéjar. Asimismo, resalta el diseño de sus áreas ajardinadas, organizadas mediante formas geométricas precisas —líneas rectas y círculos— que remiten al estilo del jardín europeo de influencia italiana. El nombre de este espacio proviene de un olivo tricentenario ubicado en el cuadrante suroeste del jardín, el cual fue plantado por el propio fundador del convento. Asimismo, el jardín alberga una diversidad de especies vegetales, muchas de las cuales fueron enviadas por el padre Pacífico Irastorza. En cuanto a su fachada interior, esta conserva una estética semejante a la de la Portería, destacando por el uso armónico de tonos crema, rojo y marrón. La actual decoración fue encomendada al padre Buenaventura Gortázar y ejecutada por el maestro Catalino Martínez. El claustro de la Portería El claustro del Olivo 170

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