El Oncenio de Leguía

- 66 Excusado es decir que ni Leguía -ni otro go- bernante cualquiera ha podido ser ~n todo caso personalmentetresponsable de los abusos y peculados que en nombre del poder imperante se perpetra- ran. Pero no solo recihiera Leguia su merecido por apropiarse la gloria de todos Jos aparatosos fenóme- - nos que durante su gobierno se produjeron, cuando se le culpara á ]a vez de todos los desas- tres ocurridos durante su periodo presidencial, sino que Leguía dió pfl bulo con su ejemplo directo al establecimiento de un régimen de venalidad de- senfrenada. No es de dudar que Leguía quisiera haber so- lucionado en muchas ocasiones los asuntos del Es- tado mejor de lo que hiciera, pero él se encontraba constantemente atado por compromisos derivados de anticipos de dinero, regalos y comisiones. Legufa permite que crezca el poder de los monopo- lios en contra delos intereses del público y de la Nación en total, porque rnn los monopolistas quie- nes acuden al alivio de los conflictos causados por el derroche en que incurre t-1 círculo admi- nistrativo. Obsequios aceptados con complacencia lo obligan al silencio cuando los obsequian tes ha- cen uso de la indulgencia que con su ofrenda ha- bían querido ganar. Una lucrativa propuesta ve- nida de la China, empeñada á la sazón en su gue- rra de liberación, induce á Leguía, según se cuen- ta, a prestar t:l nombre del Perú como consig- natario de un cargamento de armas procedente de Inglaterra y destinadas á combatir fuerzas in- glesas opuestas -á los nacionalistas chinos; opera- ción que al ~r descubierta, colocó en posición equívoca á píuestro país y obligó al Jefe del Es- tadGi delincúente á borrar :su falta con el contrato ele cesión ?, perpetuidad de los ferrocarriles del Perú á la Permrian Corporation.

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