Zarela : una novela feminista
155 barato; en fin, que le hemos de hacer; esta sensibilidad del corazón es perjudicial. Ahí tienen el amuleto i venga el sol. Ya en la calle Margarita dió e;x:pansión a su risa i cuando se hubo calmado, dijo en tono de reproche a Marta: -¿Es posible que siendo tu racional creas en estas farsantes? Si tuvieran el poder que se les atribuye, ¿no serían las primeras en cambiar de posesión? -Ay señorita, ahí está su castigo, por- que como ellas todo Jo hacen por la inter- vención del demonio, Dios permite deJ'.l la felicidad a sus semejantes { nada para ellas, siendo esto el suplicio de las brujas. . - Nada, nada hija mía, todo ~stO . no E>iS mas que supercherías para engañar a ilusos. -Bien señorit~, bien, respondió Marta resignada mas no conv~ncida.- ya que usted lo dice, sea, pero hágame . el favor de guar- dar el amuleto. .Margarita comp~siva lo tomó, mas no pu- diendo dominar su curiosidad, desdobló el paquetito no obstante ' las protest.as de la . criada; hallando _en él retacitos de piedra i- mán, huecesillos i roj inegros _güairurÓs, obj e- tos estos que, según la bruja, debían trocar la. desdichada suerte de Margarita por otra venturosa.
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