La Perricholi, t. 1

• 8.0 MARI A J . ALVARADO RIVERA MARQUESA.-¿ Qué decís? ¿Estáis de broma? MARQUES.-No, marquesa: dentro de dos horas me embarco. MARQUESA.-¿ A dónde os váis? l\1ARQUES.-A México. MARQUESA.-Pero, ¿así me lo decís?' ¿A último momento? ... ¿A mí, a vuestra mejor amiga? ¡Qué iba a creer aquella noche que estuvisteis en mi aposento ( 1) que os encontrabáis en vísperas de partir! MARQUE'S.-Es que aquella noche no tenía tal propósito. MARQUESA.-¿ Entonces? No comprendo vuestra sµbita determinación. MARQUES.-Tampoco la determinación es mía. MARQUESA.-Explicaos. . . Cada vez me intri· gáis más. MARQUES.-La determinación es del Virrey, y me la comunicó hace a penas. una hora. MARQUESA.-¿ Es el Virrey quién os manda a México? MARQUES.-Y en el galeón que leva anclas den- tro de tres horas. MARQUESA.-¿ Vos sabréis con qué misión os manda? MARQUES.-Nada sé, sino que debo partir, hoy mismo, a fuer de vasallo leal de su Majestad el Rey _de España. MARQUESA.-Esta orden tiene viso de destierro, marqués. MARQUES.-Tenéis un gran entendimiento, mar- quesa. . . Por eso he venido donde vos antes de partir: a pediros consejo, ayuda ... MARQUESA.-¿ Y qué podría hacer por vos, mar- qués? Contad conmigo incondicionalmente. (1) Nombre que se daba a los palcos en aquella época:

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