La Perricholi, t. 1
MARI A t . ALVARA:Oó RIVBíLA FELIX·.- (Con alborozo) ¡Y yo que estaba desean· do tanto chocolate! MAZA.-Pues a prepararlo, Mónica. TERESA.-Su Merced siempre tan fino. MICAELA.-(A _Maza, con reserva) ¿Y lo que me habéis prometido.? · . MAZA.-(Lo mismo) A eso voy. Ya veréis. (En voz alta) Y, doña Teresa, por fin, ¿qué me contestáis? . ¿Os habéis resuelto a que Miquita entre en mi compañía? TERESA.-Dejad eso, Maza, ahora. MAZA.-No; perdonadme: es que hay que decidir- se, porque si no consentís, tendré que buscar otra dama. MICAELA.-(Con vehemencia) ¿Véis, mamita? ¡Se pierde la ocasión! ¡Consentid, decid que sí, mamita ! MAZA.-¿ Por qué no consultáis el caso con el Re- verendo padre Antonio? Es un santo varón y os dará un buen consejo. TERESA.-(Con am_argura) Sí, hemos vuelto a ha- blar del asunto. MICAELA.-¿ Y se opone siempre? TERESA.-(Cort desaliento) No; ahora no. . . ¡Ni él me ayuda ya' MICAELA.-¿ Qué no se opone?... ¿Os aconseja que consintáis?. . . ¡Decid, decid, madre! .. . MAZA.-Hablad, señora; ¿qué os aconseja el reve- rendo? TERESA.-(Gimiendo casi) Me hizo tantas refle- xio11es ... muy atinadas -. . . Nuestra situación ... no es halagadora, desgraciadamente para una niña .. . ~ONICA.-(Con fruición) Amita-. . . amita, -- ¡ay! l qué ·rico güele el chocolate! . . FELIX.-¿ Ya se puede tomar, mamita? Me estoy acabando el bizcocho. Dadme ya chocolate. TERESA.-¡Calla! ¡No seas hambriento! MAZA.--¿ Qué más os dijo él Reverendq?
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