La Perricholi, t. 1

14 MARI A J . ALVARADO RIVERA Calles estrechas, cortadas, rincones pintorescos; grandes casas de amplios patios, con soberpios portales cerrados por rejas de hierro que semejaban preciosos en- cajes. Balcones árabes de tallado cedro, cuyas celosías ocultan la belleza de las moradoras, permitiendo sólo en- trever et fulgor de los negros ojos, húmedos de apasio· nada ternura. Y cuando la noche envuelve en sombras la ciudad :virreinal, las canciones amantes vibrando ante las re- jas florecidas; -preludios de guitarra- las escalas de se- da conduciendo a los galanes afortunados a los brazos de la amada ... CANTA UNA VOZ LEJANA: Y o vengo de romería y deseara descansar para poderte explicar las penas del alma mía. Por Dios, por el amor de Dios, una nochecita o dos. _. . Aquí te puedes estar unos tres o cuatro meses, pues cansado me pareces de tanto peregrinar. Por Dios,. por el amor de Dios, siquiera una nochecita o dos ... Y también, con frecuencia, en contraste con el idi- lio, la tragedia; en las calles apartadas los caballeros di- rimiendo con las espadas rivalidades de amor, odios ine- xorables, ofensas y alevosías ... VOZ !"~-Bajaré tanta arrogancia. VOZ 2~.-¡ Vive Dios, que yo la vuestra con mi espada he de rendir! VOZ 1:).-Antes que humillarme, conde, en la lid he de morir. <CHOCAN LAS E~P.ADAS>.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx