La Perricholi, t. 1
í. A ií que conduce el Viático, se confunde con el pueblo humilde y doliente, arrastro por la calzada sus ricos encajes, une ·su her- mosa voz de cantante, al coro de los fieles ... y termina enter- necida por fervoroso misticismo, donando la carroza a la pa- · rroquia. En la lucha que sostuvo con la nobleza, en su altivez y re- beldía, se agita ya el espíritu de una nueva raza, consciente de su independencia, que protesta de la supremacía de la raza conquistadora, y se apresta a la reivindicación de sus derechos. Micaela Villegas es un factor natural sociológico, de la nueva nacionalidad hispanoamericana, que bien pronto se inde- pendizó de la madre España. En sus riñas con el virrey, en la humillación que le infrin- ge, haciéndole ir por agua a la fuente pública, no veo la ex- presión de un masoquismo morboso, sino la altiva represalia por la afrenta que le hfao con el dicterio de Perricholi, y el an- sia de la igualdad y la dignificación de la mujer, en la unión amorosa de la pareja humana. Luego, ella asume valientemente la responsabilidad del sostenimiento de la madre, de los hermanos y de los allegados, que en aquellos tiempos eran numerosos en las familias. Para cumplir este noble anhelo tuvo que contrariar los conceptos de la madre, que enfrentarse a la censura de la sociedad, que con- tener los avances procaces de los hombres ... Es así casi una precursora de la mujer moderna, que tan heroicamente ha tenido que luchar para destruir las vallas, que la mantenían retraída en el hogar bajo la eterna tutela del va- rón, y conquistar el derecho de trabajar para bastarse a sí mis- ma, y alcanzar la independencia económica. Tal es la pérsonalidad que descubro en Micaela Villegas, et través del romance que nos han legado los cultores de nues· tra tradici6n, y que expongo más extensamente en el estudió qué realizo sobré su psicología. Y con tales carcxcteres la reencarno igualmente en ·esta · no··:
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